Cómo armar una campaña de publicidad, paso a paso
Actualizada el 12 de septiembre de 2026
La respuesta corta
Toda campaña, en Google o en Instagram, se define con seis decisiones: qué querés que pase (una llamada, un mensaje, una compra), a quién le hablás, dónde lo hacés, qué le decís, a dónde lo mandás cuando toca el anuncio, y cuánto ponés por día. La plataforma se elige por una sola pregunta: si la gente ya busca lo que vendés, va Google; si no sabe que existís, va Instagram. Y hay dos reglas que no se negocian: el anuncio tiene que llegar a una página que hable exactamente de lo que prometió el anuncio, y la campaña no se juzga por clics ni por "me gusta" sino por cuánto te costó cada consulta real.
Las seis decisiones
El objetivo. No es "que me conozcan": es una acción concreta y contable. Que te escriban por WhatsApp, que llamen, que pidan turno, que compren. Si no podés contar el resultado, después no vas a poder decir si funcionó.
El público. En Google se elige por lo que la gente escribe y por la zona; en Instagram, por edad, ubicación e intereses. En los dos casos, el error es apuntar demasiado ancho: si atendés tres barrios, no anuncies en todo el país.
La plataforma. Google te encuentra gente que ya tiene el problema y lo está buscando ahora. Instagram y Facebook le muestran tu negocio a gente que no te estaba buscando. Lo primero sirve para urgencias y necesidades claras; lo segundo, para productos que se compran mirando.
El mensaje. Una sola idea por anuncio, y la más concreta que tengas: "destapaciones en el día en Flores" funciona mejor que "servicios integrales de plomería". Si tenés algo que el resto no ofrece (turno el mismo día, garantía, envío sin cargo), eso va primero.
El destino. Adónde cae el que toca. Esta es la decisión que más campañas arruina y la más ignorada: mandar todo a la portada del sitio es perder a la mitad de la gente.
El presupuesto diario. No se trata de cuánta plata tenés, sino de si alcanza para juntar datos en un mes. Una campaña que no llega a unos pocos clics por día no falla ni funciona: no concluye nada.
Google o Instagram: la pregunta que lo define
Preguntate si alguien, ahora mismo, escribiría en Google lo que vos vendés. "Cerrajero 24 horas", "dentista cerca", "arreglo de heladeras": sí, claramente. Ahí va Google, porque la demanda ya existe y sólo estás peleando por aparecer primero.
Ahora, nadie busca "velas artesanales con aroma a higo" ni "mueble de diseño para mi living". Eso se descubre mirando. Ahí va Instagram, porque no estás capturando una búsqueda: estás creando el deseo.
Hay rubros que juegan en los dos. Una peluquería la buscan por Google ("peluquería en Caballito") y también la descubren por foto. En ese caso conviene empezar por Google, que es más fácil de medir, y sumar Instagram después.
El paso que decide todo: a dónde lo mandás
Si el anuncio dice "instalación de aire acondicionado" y el que toca cae en la portada de tu web, tiene que buscar solo lo que le prometiste. La mayoría no busca: se va. La regla es que el anuncio y la página de destino digan lo mismo.
Por eso las campañas serias apuntan a una página por servicio o por producto, con el botón de contacto arriba y a un toque. Eso es lo que se llama landing page, y hay una guía aparte sobre cómo se arma.
Mandar a Instagram o directo a WhatsApp también sirve, sobre todo en rubros de consulta rápida, pero tiene un costo: no ves qué mira la gente antes de escribirte, y no podés medir nada más que el mensaje que llegó.
Cuánto poner y cuánto esperar antes de juzgarla
Las plataformas tienen una etapa de aprendizaje de varios días en la que los resultados no son representativos: prueban públicos, horarios y versiones del anuncio. Sacar conclusiones el segundo día es sacarlas del ruido.
La regla práctica: definís el presupuesto diario, la dejás correr al menos dos semanas sin tocarla, y ahí mirás. Cambiarle el público, el mensaje y el presupuesto cada dos días la devuelve al aprendizaje una y otra vez, y nunca sale.
Un detalle que sorprende a todos la primera vez: en Argentina la publicidad se factura en dólares, y sobre eso se suman impuestos y percepciones según el medio de pago. El costo real en pesos es bastante mayor al presupuesto que cargaste, así que conviene chequear el resumen de la tarjeta antes de decidir cuánto poner el mes siguiente.
Los errores que la queman
Un solo anuncio. Sin al menos dos o tres versiones, la plataforma no tiene con qué comparar y vos no aprendés qué mensaje funciona.
No poner palabras negativas en Google. Si sos electricista matriculado, no querés pagar por "curso de electricista" ni por "electricista gratis".
Anunciar sin tener resuelto lo gratis. Mucha gente que toca un anuncio después mira las reseñas antes de escribir. Sin Perfil de Empresa y sin reseñas, pagás por traer gente que se va a mirar a otro.
Prenderla y apagarla. Tres días encendida, una semana apagada, dos días encendida: eso no es una campaña, es tirar plata en aprendizajes que nunca terminan.
No atender rápido. La campaña te trae consultas cuando la persona está decidiendo. Si contestás al otro día, pagaste para que le compre a otro.
Cómo saber si funcionó
El número que importa es uno: cuánto te costó cada consulta. Se calcula dividiendo lo que gastaste por la cantidad de consultas que te llegaron. Si gastaste el equivalente a una venta y trajiste cinco consultas de las que cerraste dos, funcionó.
Los clics, las impresiones y los "me gusta" no son resultados: son actividad. Una campaña puede tener miles de clics y cero consultas, y eso significa que el problema está en la página de destino, no en el anuncio.
Para que esto se pueda medir, la web tiene que registrar los contactos. Las nuestras registran los clics al botón de WhatsApp justamente para esto: sin ese dato, la campaña es una apuesta sin resultado visible.